sábado, 5 de julio de 2014

#Globalización. El sentido del Trabajo

El impacto social de las nuevas tendencias globalizadoras, contempla al trabajo como algo fundamental que marca todos los aspectos de la vida: horarios, desplazamientos, residencia, relaciones sociales e identidad. Esto afecta al significado que se atribuye al trabajo mismo.
En las distintas épocas o etapas de la humanidad, el trabajo ha sido valorado de distintas maneras y lo podríamos identificar en varios conceptos:
  • Trabajo como castigo. Entendido como el mito adámico de la expulsión del paraíso, y también etimológicamente como extensión de la palabra latina “tripalium” (instrumento de tortura).
  • Trabajo como esclavitud. Tarea poco honorable, por debajo de la dignidad del ser humano. Entendido así por los griegos clásicos y los romanos.
  • Trabajo como vocación. Viene dado por la transformación luterana, y daba a entender que la valía de cada uno, se podía mostrar en el trabajo al que uno se sentía llamado.
  • Trabajo como expresión y realización. Es la idea del romanticismo y su exaltación creadora del artista. Busca el perfeccionamiento y se desarrolla de manera aislada, no existiendo el trabajo en equipo.
  • Trabajo como explotación. Cuando deja de ofrecer posibilidades de expresión, realización y reconocimiento.
  • Trabajo como creación de un mundo humano. Mediante el trabajo, los humanos convertimos aquellos que nos da la naturaleza en productos permanentes que crean un entorno estable y duradero, que nos protege y reconforta.
  • Trabajo como medio para hacer dinero. Quizás una de las versiones más extendidas hoy en día. Trabajar es el medio usado para consumir, que se convierte así en la actividad central de nuestra existencia.
La cuestión, es si las transformaciones en el mundo laboral de las sociedades avanzadas, potencian o dificultan los sentidos más positivos del trabajo. Estas transformaciones implican flexibilidad, aprendizaje constante y colaboración, pero también individualización, fragmentación y cambios constantes. Puede darse que en este nuevo entorno, el trabajo pueda perder parte de su capacidad para configurar la identidad de la persona y de ser una fuente de expresión y reconocimiento. De hecho, ya se está produciendo, y lo que está ocurriendo en España con los empleos precarios, es un ejemplo de manual.
Otro elemento muy importante es la caída constante del peso de los salarios en el conjunto de la renta en los países desarrollados, siendo ésta, la causa de la desigualdad creciente. Esto sucede en una economía donde la parte financiera, gana importancia sobre la parte productiva, con crisis monetarias recurrentes, inestabilidades y desalientos para la inversión productiva.
Se produce un trasvase de del concepto de gratificación diferida de la correspondencia entre producción y recompensa, de ética y riqueza, a la ideología de la especulación y del dinero fácil, que esa actividad –la especulación- provoca.
Siguiendo a Robert Reich, la clasificación de las ocupaciones en nuestra sociedad, ya no refleja lo que las personas hacen realmente en su trabajo, en su puesto de trabajo. Los títulos –los de la ocupación- ya no ayudan a entender sus tareas. Director, secretaria u operario, ya no ayudan a indicar realmente lo que hace, a qué se dedican. Reich, propone tres grandes tipos de trabajo, y observa que con la globalización económica, y las transformaciones laborales, se ha agudizado la diferenciación y la desigualdad entre grupos. Los tres grandes grupos son:
  1. Trabajos de Producción Rutinarios. Son lo que realizan tareas repetitivas, normalmente en empresas de gran volumen y con productos estandarizados, que pueden ser transportados y comercializados de forma ajena al que realiza la tarea. Los salarios se basan en la cantidad de tiempo trabajado o en la cantidad de trabajo producido. Los valores principales son, la fiabilidad, la lealtad y la capacidad de aceptar y entender directrices.
  2. Trabajos de Servicio en Persona. En este caso no pueden ser transportados ni comercializados por terceros, ya que el trabajador ofrece de forma directa los servicios al consumidor final. Las labores se ofrecen a menudo de igual forma, pero han de adaptarse al contexto donde se realizan y a los individuos a los que van destinados. Los salarios siguen la tendencia del segmento anterior, basándonos en horas y en cantidad.
  3. Trabajos de tipo Analista-Simbólico. Incluyen la identificación y solución de problemas, intermediación y visión estratégica. Pueden ser desempeñados por numerosas personas en el mundo, los resultados no son estandarizados, el trabajo en equipo es esencial y su retribución se basa en su calidad, originalidad, inteligencia y rapidez de actuación. Este tipo de trabajo pueden comportar grandes posibilidades en un tiempo corto, siendo el aspecto más valorado, la capacidad de utilizar creativamente el conocimiento.
Con la globalización existente, los trabajadores se enfrentan a una competencia global. Los trabajadores con tareas rutinarias (Punto 1 de Reich), sufren una fuerte competencia, tienen menos capacidad de negociación y pierden peso específico.
Los que hacen las tareas en persona (Punto 2 de Reich), no sufren la competencia de la deslocalización, ya que se necesita su presencia física frente al cliente, pero eso no indica que su salario se eleve, ya que la presión que ejerce la competencia/oferta laboral interna es muy fuerte.
Los que se incluyen en el Punto 3 de Reich, sobre el papel tienen un futuro algo más prometedor, ya que su tarea es más difícil de reemplazar y se necesitan ciertas habilidades y formación específicas, si bien, también están expuestos a las presiones y competencias globales bajo las expectativas constantes de creatividad e innovación.
Tal y como hemos visto, las expectativas de trabajo en España están bastante negras.
Las transformaciones del mundo laboral expuestas anteriormente, conducen a lo que se podría calificar como una nueva cultura, la ética del trabajo que afecta a todos. Los puntos principales de esta nueva cultura son:
  • Evaluación y Presión constantes. Se dan en todos los niveles de la escala laboral. No hay seguridad de continuidad.
  • Arriesgarse constantemente (Risk-taking). Con cada actividad, el trabajador siente que empieza de nuevo. Más importante que el objetivo o la calidad del resultado, es evitar la inmovilidad y la estabilidad. Si una es prudente, es percibido como pasivo, y si uno es creativo y arriesgado, se aumenta la vulnerabilidad.
  • Prejuicio contra la Edad y la Experiencia. Más edad, se asocia –de forma equivocada- a más rigidez. Los trabajadores jóvenes son más tolerantes con las órdenes mal dadas o con las que no está de acuerdo. En este punto se da una paradoja, a más experiencia, menos valor. La experiencia es vista como un signo burocrático, nada más lejos de realidad. Es en este punto donde más errores de apreciación se cometen hoy en día.
  • Trabajo en Equipo (Teamwork). El equipo se gestiona por sí mismo y los miembros se vigilan mutuamente.
  • Poca Identidad del Trabajador. Disminuye el sentimiento de ser distinto al resto de la población, debido al trabajo que uno hace. Los símbolos desaparecen y la relación con la tecnología resta capacidad de identificación.

Resumiendo, si bien la antigua cultura del trabajo no era un paraíso, no se deben dejar de lado los nuevos problemas creados por la nueva cultura laboral. Se crea un nuevo servilismo y un nuevo sentido de vulnerabilidad con efectos psicológicos perniciosos (estrés, angustia, miedo), estableciéndose canales  mucho más débiles en relación a la actividad y en relación a las otras personas. ¿Es esta la ideología del trabajo que propugnan las ideas neo-liberales de los señores del PP que nos gobiernan?

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