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miércoles, 28 de noviembre de 2012

El verdadero Orgullo de ser Asturianos


A continuación, voy a transcribir el primer artículo que un joven asturiano con mucha conciencia social, amigo de Twitter, David Mayo Pérez, ha escrito con todo su corazón puesto en el intento. Espero les guste y le animen a abrir su propio blog.

En los últimos años han aparecido en el panorama nacional e internacional destacadas figuras, fundamentalmente en el plano deportivo con origen asturiano. Jóvenes como Fernando Alonso, Santi Cazorla, Michu, Melendi, entre otros, los cuales representan en la actualidad, para la juventud, el orgullo de ser asturiano. En cambio, los que ya tienen una edad más avanzada, o los que tenemos fascinación por la historia de nuestro pueblo, vemos como carecen del debido reconocimiento, entre las nuevas generaciones, figuras como Manuel Llaneza, Aida La Fuente, Manuel Alonso “Manolin el de Llorío”, Candido, Moral, etc,  que representan, a mi parecer, el verdadero orgullo de ser asturiano.
El concepto al que yo hago referencia está basado en la cultura, tradiciones y valores de la sociedad astur. En este texto me gustaría ocuparme en concreto de los valores de esa sociedad. La resistencia ante la ocupación militar, política y económica, la solidaridad, la defensa del débil, el compromiso con nuestros semejantes, son unos pocos de los muchos que se puede destacar.
A modo de ejemplo citaré varios de ellos, correspondientes a la historia moderna:

25 Mayo 1808. La presión popular obliga a la Junta General a proclamar a Asturies, soberana y a declarar la guerra a Francia. Mientras en el resto de España se luchaba por reinstaurar el poder de un rey absolutista, la sociedad asturiana luchaba por su futuro.
Julio de 1931. Los patronos de Duro Felguera anuncian la intención de despedir a 90 obreros. Los sindicatos proponen el mantenimiento de los puestos de trabajo y que se establezca un turno rotativo entre todos los obreros de la empresa. La dirección se niega. La fábrica es ocupada por los trabajadores y se envía a la Guardia Civil a desalojarla. Cuando la Guardia Civil y el ejército se disponen a entrar en la factoría, se produce un apagón en todas las centrales eléctricas de la comarca. Las sirenas de vapor alertan a la población de lo que sucede. Miles de personas se precipitan sobre la fábrica, desbordan a la Guardia Civil y al ejército y se sitúan a modo de infranqueable muro frente a las tropas. Tras seis días de lucha, se produce un acuerdo entre la dirección y los sindicatos, conservando los 90 despedidos sus puestos de trabajo y pagándose los jornales al resto de los trabajadores.
Revolución de Octubre de 1934. Se proclama de La República Socialista Asturiana, donde se producen experimentos de convivencia, basados en la socialización de la riqueza y abolición de las prácticas de explotación obrera por parte del capitalismo.
Huelgas mineras de 1962. El despido de siete compañeros que reivindican mejoras laborales y salariales desencadena una huelga de meses en las comarcas mineras asturianas y del resto del estado. Se llegan a sumar 27 provincias y constituye el comienzo del movimiento obrero español en plena dictadura franquista. Durante los meses de huelga toda la población de las cuencas asturianas se solidariza con los huelguistas.
Inglaterra 1984. La sociedad asturiana, particularmente la de las cuencas mineras, se solidariza con los mineros ingleses que se declaran en huelga indefinida. El apoyo económico y moral del pueblo asturiano todavía es recordado con cariño en las comarcas mineras inglesas.

Además de todos estos renombrados ejemplos -con repercusión nacional e internacional-, en todos los pueblos de Asturies hubo héroes anónimos, y actos de solidaridad entre miembros de una misma clase: la obrera. En aquellos lugares en los que algunos trabajadores no eran contratados por su condición “política”, sus vecinos y compañeros compartían lo poco que tenían con los represaliados. Las abuelas asturianas resumían estas situaciones con una frase: “Comeremos menos pero comeremos todos”.
Sin embargo, desde hace varios años, coincidiendo con la reconversión industrial y la entrada en la CEE, la sociedad asturiana ha cambiado, ha sido domesticada. Asistimos impasibles a cómo destruían su campo (cuotas lácteas y extensión de cultivos), desguazaban su flota de bajura y desmantelaban su sector industrial, motor de progreso y desarrollo.
Actualmente la situación es más grave todavía. Se deterioran las condiciones laborales, se recortan derechos, se sufre una ocupación económica tan terrible como cualquier ocupación militar y el pueblo asturiano, históricamente indomable, se somete sin protestar. El miedo ha calado en la sociedad asturiana y asistimos a situaciones vergonzantes, tales como que obreros que llaman privilegiados a otros obreros (funcionarios, mineros), y vemos como gran parte de la sociedad se pone de perfil ante las injusticias.
Es por todo lo expuesto, por lo que creo que debemos recuperar el orgullo de ser asturianos, por lo que debemos recuperar nuestro carácter indómito, y por lo que no debemos consentir más injusticias.


¡Despierta Asturies, despierta!



lunes, 25 de junio de 2012

Historia del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias


Hace más de 100 años, se creó en Asturias, una organización que fue fundamental para que los mineros de toda España tuvieran algo de dignidad. En unos tiempos convulsos en la minería nacional, conviene darse una vuelta por la historia, en homenaje a todos los que lucharon por los derechos de tan esforzados trabajadores.
El 10 de noviembre de 1910, Manuel Llaneza Zapico, fundó en la localidad mierense de Vegatodos (Asturias), el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias, pieza fundamental e importantísima en el puzzle sindicalista mundial. La labor del socialista Llaneza por dignificar la vida laboral y personal de los mineros, se plasma en esta organización sindical, profundamente arraigada en el movimiento obrero asturiano. De orientación socialista, impregnada en los valores solidarios inherentes al internacionalismo obrero, no solo se preocupa de los aspectos profesionales del mismo, va más allá, atendiendo a las preocupaciones vitales de sus afiliados y de su entorno.
Varios hitos jalonan la andadura del SOMA, siendo, quizás las más relevantes, el reconocimiento jurídico del sindicato (1913), la creación de la Mutualidad del Sindicato Minero Asturiano (1915), la promoción de la construcción de las Casas del Pueblo (1916), la primera huelga general bajo la dictadura de Primo de Rivera (1924), la primera experiencia autogestión obrera de la minería española, en el Pozo San Vicente (1926), la fundación del Orfanato Minero (1930), la Caja de Jubilaciones y Subsidios y el vale del carbón (1932), el estatuto del minero (1984) y la constitución del instituto para la formación, investigación, documentación y estudios sociales, INFIDE (1993), entre otros logros.
La historia no fue fácil para el SOMA y sus afiliados. Su participación destacada en la Revolución de octubre de 1934 en Asturias, forjó una imagen revolucionaria, anarquista y contestataria con el sistema reinante en cada época, por parte del sindicato obrero. Sufrió fuertes represiones institucionales y personales por parte de los sucesivos gobiernos del general Franco, como la ilegalización y persecución de 1937, tras la caída de Asturias en la Guerra Civil, con el asesinato de 8 socialistas en la mina La Bornaína en 1938, y sobre todo con la brutal matanza de 22 mineros, en el año 1948, en el Pozo Funeres de Laviana.
Tuvieron que pasar casi 40 años, hasta la celebración, en libertad, del I Congreso del SOMA-UGT (llamado así por su adhesión a la Unión General de Trabajadores), desde 1933, si bien nunca dejó de estar presente en la lucha obrera en tierras asturianas, como lo demuestra su participación activa en los conflictos mineros acaecidos en los años 1962 y 1963.
Con la llegada de la democracia, el SOMA-UGT, desplegó una fuerte actividad reivindicativa en actividades sociales y políticas. Siguió batallando porque los mineros tuvieran unas condiciones dignas de trabajo, y sobre todo, porque las cuencas mineras asturianas, no sufrieran los efectos devastadores de las sucesivas reconversiones industriales. Célebre es la marcha negra del año 92, donde 500 autobuses y un tren especial, llenaron Madrid de unos 10.000 mineros en busca de acuerdos, para garantizar el futuro suyo, y sobre todo de sus familias. No menos célebre, fue el encierro de varios dirigentes en el Pozo Barredo de Mieres, en defensa de la industrialización de Asturias.
Fruto de esa lucha, fue la concesión de los llamados Fondos Mineros, que se destinaron y destinan, a modernizar las infraestructuras de la zona, a la creación de nuevo tejido empresarial y a la formación y reciclaje de la población, con objeto de poder soslayar la bajada y decadencia de la actividad extractiva de hulla, que es el mineral imperante en las cuencas mineras asturianas.
Fiel a su espíritu asociativo y solidario, el SOMA-UGT, promovió a partir de 1979, la Fiesta Minera Asturleonesa de Rodiezmo (Villamanín-León), donde cada año se reúnen miles de trabajadores de ambos lados del Pajares, para compartir experiencias, momentos de ocio, culturales y, escuchar discursos de clase por parte de líderes políticos y sindicalistas de corte socialista.
Aquél espíritu imbuido por su fundador Manuel Llaneza, es el que llevó al SOMA-UGT, a fundirse con la Federación de Industrias Afines (FIA), en 1994, adaptando lo que es su actual denominación, SOMA-FIA-UGT. La influencia de este sindicato en Asturias y dentro del PSOE, es tal, que hasta el actual Secretario General de este partido, José Luis Rodríguez Zapatero, debe su elección, contra todo pronóstico, a la actuación de los representantes de los mineros asturianos en la última ronda de  votaciones del XXXV Congreso Federal, celebrado el año 2000 en Madrid.
Cien años llenos de luchas, de discrepancias, de influencias, de ilusiones, de sufrimientos, de logros. Cien años de desarrollo de la idea de Manuel Llaneza, aquel que en su juventud fue alcalde de Mieres, y soñó que aquellos que bajaban hasta la planta 14, disfrutaran de algo más, que de la inhalación de polvo y grisú, de la negrura del ambiente, y que pudieran dignificarse como seres humanos.