El odio que la derecha de España y el PP en particular, le tiene al cine español es incomprensible. Oir hoy los comentarios de ese personaje sacado del TBO, llamado Martínez Pujalte -¿Se acuerdan de Martínez el facha, de El Jueves, la revista que sale los miércoles?-, a mi me producen vómitos por la bilis que destila ese individuo. Leer hoy el editorial de ese bodrio llamado Libertad Digital -¿Por qué todos aquellos a los que no le gusta la libertad real, usan esa bendita palabra?-, da más asco que bañarse en las babas de Rajoy producidas al pronunciar la letra s. Por otro lado, el defensor etílico de barras de bares confusos y modelo de presentador televisivo ataviado con pijamas de hospital, Hermann Tertsch -joder, escribir su nombre es más difícil que escucharle-, utiliza la red social Twitter, para atizar sobre todo a la familia Bardem. No olvidemos a Fedeguico, el cual los bautizó con el noble nombre de titiriteros, pero de forma peyorativa.
¿Por qué ese odio? ¿Será que no están de acuerdo con ellos y como todo petimetre autoritario insulta y veja a los que no piensan igual? ¿Será que se quedaron anclados en las Chicas de Colsada, las rancias, casposas y machistas películas de Arturo Fernández o en los personajes heroicos de Alfredo Mayo? Puede ser. Deben de ser "gente de orden" y no soportan las críticas, y menos venidas del mundo cultural.
La Gala de los Premios Goya, pudo haber gustado más o menos, pudo haber sido entretenida o coñazo, pero lo que no en ningún momento fue, una plataforma de insultos y descalificaciones, tanto personales como colectivas, como han vertida hoy los medios conservadores y una serie de portavoces y voceros dignos de la prensa del movimiento nacional.
Pensar y opinar distinto, no es malo, todo lo contrario, y usar los actos con repercusión, han sido, son y serán los altavoces más idóneos para difundir los mensajes que uno quiera divulgar. Parece ser que para esta gente pepera y conservadora, estar calladito aguantando todo tipo de agresiones, es lo lógico y lo recomendable. Resignación cristiana, lo llaman.
De un sector de la población que tiene como artistas ídolos (vivos) al ya mencionado Arturo Fernández, a Naty Mistral y a Norma Duval, no puede esperarse otra cosa. ¡Cómo echan de menos aquellos gloriosos filmes como Raza con guión de Jaime de Andrade, más conocido como Francisco Franco Bahamonde, y las divertidas historias de Paco Martinez Soria! ¡Eso era cine del bueno y no lo que se hace ahora!
Pero vuelvo a la pregunta del título: ¿Por qué la derecha de España y el PP en particular odian al cine español? Agradecería alguna respuesta. Gracias.
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lunes, 10 de febrero de 2014
¿Por qué la derecha de España y el PP en particular odian al cine español?
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martes, 19 de febrero de 2013
¿Qué tiene contra el cine español la Caverna Mediática?
Esa pregunta me la hago yo todos los años después de la
celebración de la Gala de los Premios Goya, al leer y escuchar los comentarios
que provienen de la caverna mediática
más ultramontana.
Gente como Isabel Durán, Carlos Cuesta, Antonio Jiménez,
Federico Quevedo, la Barbie-abogada Montse
Suárez y una larga lista de tertulianos y opinadores
llenos de caspa, se lanzan cual lobos a la yugular del colectivo del cine,
con una sed de sangre digna de la saga Crepúsculo, amparados en las tribunas
que les dan los medios de la TDT Party
(13TV e Intereconomía), las ondas nostálgicas (COPE, EsRadio), los panfletos
digitales (Libertad Digital, Periodista Digital) y los rancios diarios (ABC, La
Razón).
Confieso que este año me sentí decepcionado con la actitud
reivindicativa de la gala. Me pareció suave y laxa y escasamente agresiva para
con el poder. Poco se habló de la corrupción, de los recortes, del nepotismo.
Los cavernarios
comunicadores regocijándose en una bilis nauseabunda, atacan todo aquello
que toca a su querido partido conservador.
Se olvidan que una de las facetas más destacadas del artista es la de ser crítico
con el poder. Se les llena la boca de definiciones sacadas del manual de insultos losantiano
(perroflautas, titiriteros, etc), y terminan con el único argumento de unos
neo-liberales acostumbrados a chupar de la teta del Estado, la subvención,
olvidando que el cine es una industria como otra cualquiera, aunque con una
mayor presencia pública.
¿Acaso las reflexiones de Candela Peña, Maribel Verdú, José
Corbacho, Eva Hache y Bardem, por decir algunos, son falsas? ¿Acaso no hay
recortes que están afectando a la educación y a la sanidad? ¿Acaso no hay una
subida desmesurada en el IVA de las entradas?
Estos tertulianos que viven en sus mundos paralelos ajenos a
la realidad social, escudándose en vacuas frases y vacíos lenguajes, tachan de
groseros, zafios y maleducados a los que no piensan como ellos, riéndose de sus
ocurrencias sin gracia, como las vertidas por el actor acartonado Arturo Fernández,
o por el periodista García Serrano cuando llamó “guarra” a una consejera de la
Generalitat de Cataluña, que se han quedado anclados en el cine plano, lleno de
tópicos de españolismo rancio, pleno de referencias religiosas y amigable con
el poder establecido del tardo-franquismo, cuyos referentes eran Pedro Olea y
Pedro Lazaga, -falsos enfants terribles
de la cinematografía patria-, con sus películas-denuncia en las que siempre se
escapaba alguna tetita de la maciza
de turno, y que tienen como película de cabecera, como maravilla de séptimo
arte, a esa obra dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, a partir de un guión
de Jaime de Andrade, titulada Raza -¿Saben
quién se ocultaba tras ese pseudónimo?-, son los que se atreven a criticar de
forma descarnada a los actores, directores y productores de un cine, el actual,
que si bien no es perfecto, se encuentra a años luz –en calidad y técnica- al
añorado por sus cortas entendederas.
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