sábado, 24 de marzo de 2012

Mourinho, ese "entrenador canalla"

El miércoles pasado 21 de marzo de 2012, se vio al verdadero José Mourinho, si no se ha visto ya muchas veces anteriormente. Al egocéntrico personaje se le vieron sus verdaderas intenciones. No es de recibo que un club grande e histórico como el Real Madrid, tenga como empleado a un ser tan ruin. En un partido importante, pero no transcendente para la entidad blanca, el portugués se dedicó a desquiciar a sus jugadores, a azuzar a su fiel escudero Rui Faría y a insultar y menospreciar al equipo arbitral.
El de Setúbal da la impresión que vive inmerso en una película de misterio y suspense. Todo son conspiraciones en su contra principalmente y contra su equipo. Hace un año aproximadamente, la rueda de prensa que dio en el Bernabeu, pasará a los anales de la historia como el mayor ridículo hecho por un técnico de fútbol. La autocrítica no aparece por ningún sitio. En Villarreal no hubo opción. El llamado “silencio stampa” fue impuesto por este personaje. Lo más lastimoso, es que no aparece un reproche sobre su planteamiento de juego. La culpa siempre la tienen los demás. Nunca la tiene the special one. Al igual que Calimero, pero sin cáscara de huevo en la cabeza, las manifestaciones de Mourinho son siempre demostrativas de un ataque hacia lo que hace. La conspiración mundial, tejida por negras manos oscuras trabaja en contra de él y del Real Madrid. Pobre.

Desprestigio y menosprecio de los rivales y de sus propios jugadores

Entrado el otoño del 2010, el director técnico del Real Madrid, tachó de manipular en su contra, y a favor del F.C. Barcelona la competición liguera y acusó a un colega de profesión, Manuel Preciado, entrenador del Sporting de Gijón, de presentar una alineación con jugadores no habituales en su partido contra los blaugranas. Lógicamente el cántabro Preciado se defendió, y replicó que “si Mourinho dijo eso, es un canalla”. Los palmeros oficiales empezaron a lanzar saetas envenenadas sobre el norteño, cargando de razón al portugués, alabando su cuestionada sinceridad. Curiosamente, la gran mayoría del fútbol español, se alineó con Preciado. Más conspiración. Pero no acaba ahí la cosa. Manzano, Pedro León, el estamento arbitral, la Federación Española de Fútbol, la Liga de Fútbol Profesional, la UEFA, el director general del Real Madrid, las televisiones, la FIFA y hasta el sumsum corda, fueron objeto de sus críticas y ataques. Hasta los diarios más merengues recibieron sus dardos envenenados. Todo el mundo contra Mourinho.

Lobotomía de la afición y prensa madridista

En la famosa rueda de prensa posterior al Real Madrid-Barcelona de cuartos de final de la Champions League, el técnico blanco volvió a mandar un mensaje a Pep Guardiola, al desearle “que un día gane una Champions blanca, sin incidentes”. “Gané dos Ligas de Campeones en el campo con dos equipos que no eran el Barcelona. Con el Oporto, de un país que normalmente no ganaba, y con el Inter, que no la ganaba desde hacía 50 años y no era candidato. Ganamos con trabajo, orgullo, esfuerzo y sudor”, expuso.
“Josep Guardiola es un fantástico entrenador de fútbol pero ha ganado una Champions que a mi me daría vergüenza ganar con el escándalo de Stamford Bridge. Y este año, si la gana, será con el escándalo del Bernabeu”, matizó. Memoria selectiva. ¿No se acuerda de la expulsión de Andrade en el partido de Riazor contra el Deportivo? ¿Qué ocurrió la temporada 2009/2010 en San Siro con Benquerenca como protagonista?
Lo malo es que cierta afición merengue comulga con estas ruedas de molino. Influenciadas por un sector de la prensa cavernícola se creen las fábulas del señor entrenador del Real Madrid, para el que ganar está por encima de cualquier consideración. El fin no debe de justificar nunca los medios.
En un equipo donde han jugado Di Stefano, Kopa, Puskas, Gento, Velázquez, Pirri, Michel, Juanito, Didí, Amancio, Stielike, Netzer, Camacho, Gordillo, Maceda y muchos más, y que ha sido entrenado por Miguel Muñoz, Del Bosque, Heynckes y otros, no tiene cabida un charlatán de feria que no hace otra cosa que mirarse el ombligo.

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